A 202 años del nacimiento de Edgar Allan Poe
El 19 de enero de 1809 nacía un genio de las letras. Edgar Allan Poe, fue un escritor, poeta y periodista romántico. Nació en Estados Unidos y es considerado uno de los maestros universales del relato corto, del cual fue pionero en su país. Su poder de control sobre el suspenso y la intriga lo llevaron a redactar obras sublimes como Los crímenes de la calle Morgue, La caída de la Casa Usher, Entierro prematuro, Metzengerstein y El escarabajo de oro, entre muchos otros.
Con la mirada siempre cargada de melancolía y con un intelecto que apenas podía tolerar, Edgar pasó por varias vicisitudes durante su niñez y adolescencia. Sus padres, avocados a la expresión teatral murieron cuando era tan sólo un niño y Edgar fue adoptado por Frances y John Allan, de quienes recibió su apellido. Frances, siempre cálida, supo quererlo como si fuese propio pero murió pocos años después y comenzaron los conflictos con John Allan, por lo que finalmente pierde contacto con ellos y va a refugiarse con su amada tía a la que él llamaba Muddie. Años después contrae matrimonio con la hija de esta, su prima Virginia, de tan sólo 14 años.
El genial escritor argentino Julio Cortázar supo resumir los hechos más relevantes y profundos de la vida de Edgar e incluso sus últimos minutos de vida en el Prólogo de los cuentos completos de Allan Poe: “Al principio fue el miedo. Se sabe que Edgar temía la oscuridad, que no podía dormir, que Muddie debía quedarse horas a su lado, teniéndole la mano. Cuando se apartaba al fin de su lado, él abría los ojos y le decía: ‘Todavía no, Muddie, todavía no’.
Pero de día se puede pensar con ayuda de la luz, y Edgar es todavía capaz de asombrosas concentraciones intelectuales. De ellas va a nacer Eureka, así como del fondo de la noche, del balbuceo mismo del terror, rezumará la maravilla de Ulalume. La descripción que más adelante haría el médico, muestra que estaba ya perdido para el mundo, a solas en su particular infierno en vida, entregado definitivamente a sus visiones.
El resto de sus fuerzas se quemó en terribles alucinaciones, en luchar con las enfermeras que lo sujetaban, en llamar desesperadamente a Reynolds, el explorador polar que había influido en la composición de Gordon Pym . En un intervalo de lucidez, parece haber preguntado si quedaba alguna esperanza. Como le dijeran que estaba muy grave, rectificó: ‘No quiero decir eso. Quiero saber si hay esperanza para un miserable como yo’. Murió a las tres de la madrugada del 7 de octubre de 1849. ‘Que Dios ayude a mi pobre alma’, fueron sus últimas palabras”.